| M. Muñoz, 2011. Óleo sobre tela 50x70 |
“Mi querido Antoine”
Sonrío; no, claro que no, Anny no ha escrito “mi querido Antoine”.
Hace seis años —acabábamos de separarnos de común acuerdo—, decidí marcharme a Tokio. Le escribí unas palabras. Ya no podía llamarla “amor mío”; comencé con toda inocencia: “mi querida Anny”
“Admiro tu soltura —me respondió—; nunca he sido ni soy tu querida Anny. Y te ruego que creas que no eres mi querido Antoine. Si no sabes cómo llamarme, no me llames; será preferible”
Saco la carta de la valija. No ha escrito “mi querido Antoine”. Al pie de la carta tampoco hay fórmula de cortesía. “Tengo que verte. Anny”. Nada que pueda darme seguridad. No puedo quejarme: reconozco en esto su amor a lo perfecto. Ella siempre quería realizar “momentos perfectos”. Si el instante no se prestaba, todo le era indiferente; la vida desaparecía de sus ojos
J.P Sartre. La náusea
Elle avait une magie impérieuse et charmante; elle chantonnait entre ses dents en regardant de tous les côtés, puis elle se redressait en souriant, venait me secouer par les épaules, et, pendant quelques instants, semblait donner des ordres aux objets qui l'entouraient. Elle m'expliquait, d'une voix basse et rapide, ce qu'elle attendait de moi.
ResponderEliminarA lo largo del mundo, de la calle,
ResponderEliminara lo ancho de la sombra,
la tenue luz se ha acogido a sagrado
y se ha hecho carne.