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| Marta Muñoz, 2013 |
EJEMPLO DE
HOY
Hoy
voy a hablaros de un tema didáctico,
a saber
la proliferación de las
rotondas,
que están en todas
partes
llevando a ningún
sitio
Vueltas sin cruce y
vueltas
en medio de un paisaje sin
destino
Y un árbol en su centro, a veces
nada
y al fondo el horizonte que no
habitas
Mas antes, no hace
tanto,
Teníamos los cruces de la
infancia
para poder parar y
descansar
y decidir
camino
(como en aquel poema o aquel
cuento)
y luego maldecir o bendecir
la suerte o la derrota que
eligieras
en cada encrucijada, pero
ahora
ahora ya no hay
tiempo
porque pararse
cuesta
-la vida es un minuto
solamente-
porque es mejor seguir, en esas
vueltas
y no alcanzar jamás un centro
desolado
de sombras para nadie, de frutos
consumidos
A veces una
estatua
o arbustos siempre solos, siempre
tristes
decoran ese centro para
nadie
porque nadie lo mira o lo
atraviesa
Rotondas de cemento en las
afueras
de todas las
ciudades
Parar el coche y mirarlas es
siempre
una lección amarga del tiempo, o del
espacio
de a dónde te diriges, de dónde coño
vienes
cuando viniste a dar, sin previo
aviso
a esta rotonda eterna,
repetida
en la que sigues dando, uno tras
otro,
latidos, que son vueltas, que son
días
en esta vida absurda, sin
señales
Sergio Álvarez Sánchez