| Marta Muñoz, 2013 |
EJEMPLO DE
HOY
Hoy
voy a hablaros de un tema didáctico,
a saber
la proliferación de las
rotondas,
que están en todas
partes
llevando a ningún
sitio
Vueltas sin cruce y
vueltas
en medio de un paisaje sin
destino
Y un árbol en su centro, a veces
nada
y al fondo el horizonte que no
habitas
Mas antes, no hace
tanto,
Teníamos los cruces de la
infancia
para poder parar y
descansar
y decidir
camino
(como en aquel poema o aquel
cuento)
y luego maldecir o bendecir
la suerte o la derrota que
eligieras
en cada encrucijada, pero
ahora
ahora ya no hay
tiempo
porque pararse
cuesta
-la vida es un minuto
solamente-
porque es mejor seguir, en esas
vueltas
y no alcanzar jamás un centro
desolado
de sombras para nadie, de frutos
consumidos
A veces una
estatua
o arbustos siempre solos, siempre
tristes
decoran ese centro para
nadie
porque nadie lo mira o lo
atraviesa
Rotondas de cemento en las
afueras
de todas las
ciudades
Parar el coche y mirarlas es
siempre
una lección amarga del tiempo, o del
espacio
de a dónde te diriges, de dónde coño
vienes
cuando viniste a dar, sin previo
aviso
a esta rotonda eterna,
repetida
en la que sigues dando, uno tras
otro,
latidos, que son vueltas, que son
días
en esta vida absurda, sin
señales
Sergio Álvarez Sánchez
Magnífico poema!!!, que espero ver pronto publicado en Hazversidades... por pedir que no falte...
ResponderEliminarY la serie de dibujos negros tuyos, Marta, es extraordinaria. No se puede contar más con menos trazos; y no pueden uno sencillos trazos entra más hondo en el espíritu de uno...
jaimex