FOTOGRAFIA Y PINTURA


MARMOTARROJA

Sus fotos eran lo más hermoso del mundo. En realidad,no eran solo suyas. Eran cosas que nos pasaban todo el tiempo, pero sólo ella sabía verlas. Eso era lo importante. Yo pensaba en el ayer o en el mañana, pero ella pensaba siempre en el ahora. Por eso su presente era tan grande, como un salón de baile, y ella bailaba en él. Y el mío era un oscuro cuarto trastero, en el que no encontraba nunca nada. Cuando veía sus fotos pensaba en todo esto, pero ya era tarde, como tener en la mano un billete de tren, que ya pasó, y al que solo se subió ella. Sergio Álvarez Sánchez

lunes, 16 de julio de 2012

FLORES DEL MAR I

M. Muñoz, 2012. Acuarela
¡Qué tranquila es una tumba de coral, que el cielo nos conceda a mis compañeros y a mí no ser enterrados en ningún otro sitio!

  J. Verne

1 comentario:

  1. Arriba las espumas, cabelleras difusas,
    ignoran los profundos pies de fango,
    esa imposibilidad de desarraigarse del abismo,
    de alzarse con unas alas verdes sobre lo seco abisal
    y escaparse ligero sin miedo al sol ardiente.
    Las blancas cabelleras, las juveniles dichas,
    pugnan hirvientes, pobladas por los peces
    -por la creciente vida que ahora empieza-,
    por elevar su voz al aire joven,
    donde un sol fulgurante
    hace plata el amor y oro los abrazos,
    las pieles conjugadas,
    ese unirse los pechos como las fortalezas que se aplacan fundiéndose.
    Pero el fondo palpita como un solo pez abandonado.
    De nada sirve que una frente gozosa
    se incruste en el azul como un sol que se da,
    como amor que visita a humanas criaturas.
    De nada sirve que un mar inmenso entero
    sienta sus peces entre espumas como si fueran pájaros.
    El calor que le roba el quieto fondo opaco,
    la base inconmovible de la milenaria columna
    que aplasta un ala de ruiseñor ahogado,
    un pico que cantaba la evasión del amor,
    gozoso entre unas plumas templadas a un sol nuevo.
    Ese profundo obscuro donde no existe el llanto,
    donde un ojo no gira en su cuévano seco,
    pez espada que no puede horadar a la sombra,
    donde aplacado el limo no imita un sueño agotado.

    V. Aleixandre

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