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| Marta Muñoz, 2014 |
¿Qué nombre dar a esa sensación? Sin nombrarla, se limitaba a reír.
Desde luego era una risa carente de respeto, incluso de respeto hacia si mismo.
Así pues, en los momentos en que la risa lo unía al mundo, ese vínculo
solidario elevaba su corazón casi al nivel del amor más engañoso, el
llamado amor a la humanidad.
Y. Mishima.

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