| Marta Muñoz, 2013 |
Hay días malos y días vacíos. Francamente, prefiero los días malos. Por lo menos se pueden comparar con algo. Es como cuando te comen al parchís. Vuelves a casa, el otro cuenta veinte, te jodes, pero sabes dónde estás. Pero los días vacíos no dejan huella. Por eso son tan absurdos. Es como haber tirado el dado cien veces y no haber movido ni una casilla. Más de cinco días vacíos seguidos y te olvidas de jugar. Y te acabas comiendo el puto dado.
Sergio Álvarez Sánchez
Pues yo prefiero los días vacíos, eso sí, sin tentación alguna de llenarlos.
ResponderEliminarAbrazos, siempre