Fotografía: M. Muñoz, 2009
El otro día estuvimos haciendo fotos a los gorriones desde la terraza. Se posaban sobre un toldo blanco, apenas a cincuenta centímetros, recogiendo las migas de pan del desayuno. Las fotos fueron preciosas. Simplemente sucedió, no lo buscamos. Ayer lo volvimos a intentar a propósito: plato de migas de pan, cámara preparada, mucho silencio... Las fotos no fueron ni la mitad de buenas. Así llega la felicidad, sin ningún aviso, e igual que llega, se marcha. Nos quedan las fotos, pero aunque las sigamos todas, como migas de pan pulgarcito, no volveremos al mismo lugar... aunque también es cierto que un erizo que saqué anoche del mar es lo más parecido al mar que ahora llevo conmigo. S.A.S.
Fotografía: M. Muñoz, 2009


Fantásticas fotos de Marta -me encanta la de los pájaros azules- y precioso texto de Sergio.
ResponderEliminarSaludos,
Antonio
Para buscarle una foto...quizá mía
ResponderEliminarAJENO
Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.