FOTOGRAFIA Y PINTURA


MARMOTARROJA

Sus fotos eran lo más hermoso del mundo. En realidad,no eran solo suyas. Eran cosas que nos pasaban todo el tiempo, pero sólo ella sabía verlas. Eso era lo importante. Yo pensaba en el ayer o en el mañana, pero ella pensaba siempre en el ahora. Por eso su presente era tan grande, como un salón de baile, y ella bailaba en él. Y el mío era un oscuro cuarto trastero, en el que no encontraba nunca nada. Cuando veía sus fotos pensaba en todo esto, pero ya era tarde, como tener en la mano un billete de tren, que ya pasó, y al que solo se subió ella. Sergio Álvarez Sánchez

jueves, 17 de octubre de 2013

INQUILINOS

Marta Muñoz, 2013

Hay un hombre que sabe, otro que pierde
Hay un hombre que sueña, otro que olvida
Hay un hombre muriendo, otro con vida
Y hay un hombre que besa, otro que muerde

Hay un hombre de rojo, otro de verde
Hay un hombre de vuelta, y otro de ida
Hay un hombre que hiere, otro que cuida
Y hay un hombre de hielo, otro que hierve   

Van pasando por mí como quien pasa
Por un cuarto de hotel y nunca esperan
Cuando bajo a tomarme el desayuno

Volverán a alojarse, esta es su casa
Aunque ya no la cuiden, ¡si supieran
Que al llegar cada noche somos uno!.

Sergio Álvarez Sánchez

4 comentarios:

  1. "¡Si supieran que al llegar la noche somos uno!" ¿Y si no lo saben? Deja de fingir, poeta. Y muéstrate como en realidad eres. Nadie interpreta a nadie. Todos queremos sinceridad. ¿Por qué finges, poeta?

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  2. Por lo cual, Sancho Panza, conviene que estés advertido en esto que ahora te diré, porque importa mucho a la salud de entrambos; y es que cuando veas que semejante canalla nos hace algún agravio, no aguardes a que yo ponga mano al espada para ellos, porque no lo haré en ninguna manera: sino pon tú mano a tu espada y castígalos muy a tu sabor, que si en su ayuda y defensa acudieren caballeros, yo te sabré defender, y ofendellos con todo mi poder, que ya habrás visto por mil señales y experiencias hasta adónde se estiende el valor de este mi fuerte brazo.
    Tal quedó de arrogante el pobre señor con el vencimiento del valiente vizcaíno. Mas no le pareció tan bien a Sancho Panza el aviso de su amo, que dejase de responder diciendo:
    - Señor, yo soy hombre pacífico, manso, sosegado, y sé disimular cualquier injuria, porque tengo mujer y hijos que sustentar y criar. Así que séale a vuestra merced también aviso, pues no puede ser mandato, que en ninguna manera pondré mano a la espada, ni contra villano ni contra caballero, y que desde aquí para delante de Dios perdono cuantos agravios me han hecho y han de hacer, ora me los haya hecho o haga o haya de hacer persona alta o baja, rico o pobre, hidalgo o pechero, sin eceptar estado ni condición alguna.
    M. de C. S.

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  3. En algún caso, como el mío, todos los que soy no cabrían en un soneto, ni en el tomo íntegro de Guerra y Paz. Ya te digo.
    Abrazos, siempre

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  4. Has llegado a tu casa,
    y, al entrar,
    has sentido la extrañeza de tus pasos
    que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
    y encendiste la luz para volver a comprobar
    que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año,
    y después,
    te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
    y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
    y te has sentido solo,
    humanamente solo,
    definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

    Luis Rosales

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