M.Muñoz, 2010
¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.
Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.
Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.
D. Alonso
M. Muñoz, 2010


¿Adónde ahora, las dos? No hay alcuza, que hay flores. No parecen llevadas por el terror oscuro del poeta. Están ahí en la acera, curvadas levemente, sumidas en ese mar de luz que las rodea, a la espera de algo, apostadas en el sitio de nadie, brujuleando a dúo al acecho del otro, del ajeno que vestirá su día con algunas monedas. No irán a ningún sitio. Porque no hay elección. Y mañana más flores. C.
ResponderEliminarLo que me encanta de esta foto es que siendo una captura de lo más simple, dice mucho. No sé, tiene algo. Y por cierto, me encanta lo que ha escrito C.
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